M+.- Era junio de 2005 y elementos de la brigada antidrogas de los Estados Unidos en Atlanta, Georgia, descubrían varias conversaciones que detallaban una operación con cientos, y eventualmente, miles de kilos de cocaína colombiana que llegaba desde México a ciudades como Dallas, Memphis y la propia Atlanta. Detrás, sujetos con los apodos más extraños: La Barbie, Shrek y El Conejo.
Los agentes y el Departamento de Justicia (DOJ) de los Estados Unidos decidieron montar una operación para perseguir y sentar ante un juez a las seis personas que dirigían y coordinaban la operación.
El 10 de septiembre, el caso concluyó cuando la última pieza, Roberto López, alias Shrek, fue sentenciado a poco más de 18 años de prisión por participar en la multimillonaria operación criminal que, desde México, estuvo amparada por Arturo Beltrán Leyva, uno de los traficantes mexicanos más poderosos del país.
El origen del imperio: de Laredo a Nuevo Laredo
La Administración para el Control de Drogas (DEA) identificó que en 1997 un exjugador de futbol americano colegial oriundo de Laredo, Texas, a quien apodaban La Barbie —por su color de piel y su apariencia—, había huido de los Estados Unidos a México para evitar una condena por distribución de mariguana, dejando atrás varios arrestos por delitos como manejar bajo la influencia de sustancia y homicidio negligente.
El hombre, Édgar Valdez Villarreal, tenía 24 años, y su conocimiento del pasaje entre Laredo, Texas, y Nuevo Laredo, Tamaulipas, le permitió comenzar un pequeño negocio: el del tráfico de cocaína. Comenzó adquiriendo cargamentos de 20 y 30 kilos que enviaba a Nueva Orleans, Luisiana, y Memphis, Tennessee.
El hombre había encontrado una fórmula infalible para impulsar su imperio: en lugar de esconderse en las sombras, vivía como una persona ostentosa y poderosa; contaba con varias residencias y casas de seguridad en Nuevo Laredo, Tamaulipas, hacia y desde donde se movía con un aparato de seguridad que consistía en hombres fuertemente armados y con uniformes de la extinta Policía Federal (PF) y de la policía local de Nuevo Laredo.
El propio Valdez, señala un testigo protegido de la DEA, solía portar uniformes de la entonces Policía Federal de México, y viajaba en una Suburban negra con sirenas. Además, siempre tenía cerca a su contador, coordinador logístico y secretario de confianza: Rubén Hernández, alias Secre.
El informante reveló que La Barbie, quien tenía contactos al norte y al sur de la frontera entre México y Estados Unidos, solía invitar a sus propiedades en Nuevo Laredo a estadunidenses interesados en comprarle cocaína, donde negociaba precios, fechas y lugares para la entrega de cargamentos.
Uno de ellos, Craig Petties, fue cliente de La Barbie, en Memphis, Tennessee, a donde se enviaban 50 o 60 kilos de cocaína cada tres o cuatro semanas. La droga viajaba escondida en cajas de tráileres y las ganancias millonarias viajaban de vuelta a México en forma similar.
La DEA asegura que cuando Petties comenzó a ser investigado en los Estados Unidos, huyó a México, donde fue protegido y ocultado por La Barbie hasta su arresto en 2008, después de lo cual fue extraditado y sentenciado a prisión de por vida en los Estados Unidos.
CMG Trucking y el método de lavado: el rol logístico de 'Shrek'
Mientras tanto, La Barbie no dejaba de crecer. En 2002 identificó que necesitaba su propia operación de traslado de drogas en suelo estadunidense y se alió con quien después se convertiría en su suegro, Carlos Montemayor, un empresario y ciudadano mexicano con residencia en los Estados Unidos que tenía una empresa camionera que operaba entre ambos países: CMG Trucking.
Esa se volvió una “relación simbiótica”, según el Departamento de Justicia de los Estados Unidos.
Además, Valdez se alió con un distribuidor colombiano de cocaína que le garantizaba entregas seguras del polvo blanco, Harold Mauricio Poveda, alias El Conejo, actualmente colaborador del gobierno estadunidense.
“(La Barbie) también cimentó su relación con Harold Mauricio Poveda Ortega, alias Conejo, quien era colombiano y podía arreglar el que Valdez recibiera un suministro estable de cocaína por parte de las Organizaciones de Tráfico de Drogas colombianas”, señala el DOJ sobre la relación Barbie-Conejo.
La Barbie traía la cocaína desde Colombia a México, a la frontera con Estados Unidos, y después su socio, Carlos Montemayor, se encargaba de cruzarla con sus camiones, esconderla en sus almacenes en Atlanta, Georgia, y después distribuirla.
Esos mismos camiones eran usados para traer de vuelta los millones, y eventualmente decenas de millones de dólares que comenzaron a ganar.
“(Carlos) Montemayor, quien había establecido una compañía camionera y una red de transporte en ambos lados de la frontera, en Nuevo Laredo y Laredo, y además tenía un primo, Jesús Héctor Flores, con contactos de drogas en Memphis, era una pareja perfecta”, relata el expediente del caso, encabezado por la DEA.
De acuerdo con la agencia antinarcóticos, Flores custodiaba y operaba los almacenes de cocaína de La Barbie y de su suegro en Memphis.
Según la DEA, Carlos Montemayor no era el caso típico de un narco mexicano. Venía de una familia de clase media que, si bien no le dio una vida de lujos, sí de estabilidad. Su padre era un ranchero y restaurantero, y Carlos fue criado junto con sus cuatro hermanos por su madre.
A excepción de Juan, quien apoyó a Carlos consiguiendo nuevos clientes en Estados Unidos para la cocaína de su hermano, además de darle apoyo logístico, sus otros tres hermanos son personas trabajadoras sin problemas con la ley.
Carlos Montemayor tenía 18 años cuando obtuvo la residencia permanente en los Estados Unidos, y en 1992, dos años después, logró establecer su empresa camionera con la que ganó entre 4 y 5 millones de dólares de forma legal.
Diez años después, en una ambiciosa movida, Carlos transitó al mundo criminal con Édgar Valdez Villarreal, con quien comenzó a enviar cocaína a los Estados Unidos. Valdez se casó en 2004 con Priscila Montemayor, hija de Carlos, sellando su alianza comercial como un pacto familiar.
Entonces, en lugar de 20 kilos cada mes, Édgar Valdez y Carlos Montemayor comenzaron a enviar hasta 180 kilos a Memphis, donde además contrataron a sus propios empleados.
Uno de ellos era Roberto Omar López, alias Shrek, quien dirigía la logística de los camiones cargados con cocaína en los Estados Unidos. El hombre, nacido en San Antonio, Texas, dedicó su vida a los camiones, y cuando su amigo Carlos Montemayor supo de su adicción a la cocaína, lo invitó a trabajar con él.
“(Roberto) López, actuando a nombre de Montemayor, sacaba dinero de los gastos de transporte, incluyendo pagos a los conductores y los trabajadores en las casas de seguridad. Después reempaquetaba el dinero y lo transportaba por la frontera. Una vez que el efectivo estaba en México, era dividido y distribuido de acuerdo a las instrucciones de Valdez”, señala la DEA en un informe obtenido por MILENIO.
Las cosas fueron tan bien que Montemayor abrió otro centro de distribución en Atlanta, Georgia, a donde llegaban cargamentos semanales de entre 100 y hasta 300 kilos de cocaína.
“Solo en Atlanta, la organización distribuyó un total de mil 500 kilos de cocaína en solo seis meses”, apunta el informe de la DEA.
Entonces Montemayor comenzó a invertir en cargamentos de cocaína propios, que seguía transportando y distribuyendo junto a los de su yerno, La Barbie. La brigada antidrogas asegura que Montemayor llegó a adquirir cargamentos incluso más grandes que los de Édgar Valdez.
Cerca de 2005, Montemayor y La Barbie decidieron aliarse de tiempo completo con Arturo Beltrán Leyva, un traficante de cocaína que operaba desde la Ciudad de México y contaba con el amparo del Cártel de Sinaloa. A Beltrán lo consiguieron luego de descubrir una de sus aficiones: los caballos.
“(Carlos) Montemayor compró dos caballos y personalmente se los entregó a Beltrán junto con un entrenador. Beltrán amó los caballos y la alianza con Valdez y su permanencia en el Cártel de Sinaloa incrementó dramáticamente”, apunta la DEA.
En 2002, el mismo año que La Barbie y su suegro emprendieron su empresa criminal conjunta, El Cártel del Golfo creó a Los Zetas, una célula conformada por desertores del Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales (GAFE) del ejército mexicano, para tomar control del corredor de los Laredos.
Primero, Valdez y Montemayor decidieron pagar una cuota para seguir operando, sin embargo no soportaron por mucho tiempo con la carga monetaria y decidieron confrontar directamente a Los Zetas.
Respaldado por El Chapo Guzmán, El Mayo Zambada y otros, La Barbie creó su brazo armado y comenzó una sanguinaria guerra contra Los Zetas. Secuestros, torturas y ejecuciones, muchos de ellos videograbado y publicitado, fueron su marca.
Roberto López, la mano derecha de Carlos Montemayor, también comenzó a operar dentro de la guerra contra Los Zetas. Obtenía armas en los Estados Unidos y las enviaba a México.
“(Roberto) López estaba a cargo de conseguir armas y otro equipo como lentes de visión nocturna, munición, chalecos balísticos, cascos, cargadores y silenciadores”, apunta la DEA, “se estima que traficó más de mil rifles de asalto, entre 100 y 200 rifles de asalto modificados y más de mil cargadores y tambores de munición desde Estados Unidos a México.
Aunque Valdez perdió Nuevo Laredo, y de hecho tuvo que huir para 2005 al centro de México, nunca dejó de enviar drogas gracias a su alianza con los Beltrán Leyva.
Enviaba unos 600 kilos de cocaína cada tres meses a ciudades como Memphis, Tennessee, Dallas, Texas y San Diego, California, además de mantener operaciones en los estados de Misisipi, Georgia, Nueva York y Washington.
Pero, La Barbie ya tenía un plan de retiro; desde 2004 se puso en contacto con el gobierno estadunidense para convertirse en un infiltrado de las autoridades y garantizar una reducción de sentencia para cuando cayera.
Y La Barbie cayó. Cayó en agosto de 2010, tras lo cual fue entregado a Estados Unidos, donde de inmediato se acogió a un programa de testigos protegidos para evitar una sentencia de cadena perpetua y, con suerte, poder dejar la prisión en 2056. Tendría 83 años.
Carlos Montemayor fue arrestado poco después, en noviembre de 2010, y cinco años más tarde, fue enviado a los Estados Unidos, donde se declaró culpable por tráfico de cocaína y sentenciado. Si logra salir de prisión, lo hará en 2043, con 71 años.
Todos sus colaboradores, Juan Montemayor, Roberto López, Rubén Hernández y Jesús Héctor Flores, han sido todos sentenciados y están cumpliendo condena en prisión. López, alias Shrek, ha cerrado el caso después de más de 20 años de haber comenzado.
“(Roberto) López fungió como el principal lugarteniente principal de Carlos Montemayor y supervisó el transporte interno de la organización.
“Tras vivir por 15 años como fugitivo en México, López fue arrestado por autoridades mexicanas el 27 de junio de 2024 y expulsado a los Estados Unidos el 12 de agosto de 2025. Es el último acusado de este caso”, concluye la fiscalía estadunidense en su informe sobre López, quien estará en prisión aproximadamente hasta 2042.
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